Leonardo da Vinci y el movimiento perpetuo

Durante la edad media, la gente le tenía muy poco respeto a las leyes de Newton (probablemente porque no había nacido ni las había escrito), y lo que más detestaban era la imposibilidad de crear una máquina de movimiento perpetuo.

Año tras año, falsos ingenieros llegaban a las ciudades italianas proponiendo un “método revolucionario” que permitiría a los gobernantes mover agua hacia arriba y con esa misma agua generar movimiento que continuase el ciclo, sin pérdida alguna. Obviamente, debido al rozamiento y a la disipación de la energía en forma de calor, estos proyectos no funcionaban y sus autores debían escapar de la ciudad. 

Móvil perpetuo de Villard de Honnecourt, ca. 1230

Leonardo da Vinci consideró la idea de una máquina de movimiento perpetuo imposible, calificando a los ingenieros que trataban de construirlas de necios y carentes de sentido común. Yendo un paso más allá, en el Códice Madrid I se propone elaborar un experimento que demuestre que estas máquinas no pueden existir. 

Por supuesto, esto no impidió que las máquinas de movimiento perpetuo siguiesen fascinando a la gente que aprendía sobre ellas, haciendo que estas sigan apareciendo por todo el mundo, ya sea como falsas promesas y productos que no llegan o como simples experimentos mentales para ver hasta donde pueden ser empujadas las leyes de la física. ¿Quién sabe? Quizá algún día consigamos romper todas las leyes de la física establecidas hasta el momento.

Por su parte, Leonardo da Vinci decidió dedicarse a instrumentos más realistas, aunque también bastante futuristas para su época, como es el caso de instrumentos como la viola organista y el órgano de papel hasta máquinas sencillas como elevadores, percutores y osciladores

Viola organista de da Vinci


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